Mensajes de la Reina de la paz
en el año 1996:
 
 

Zalog, 6-1-1996

Pidieron por la explicación de mi aparición, en mi día, en Brezje. Esta es la explicación: yo llego siempre desde el Corazón de mi Hijo. Esta vez llegué con la cruz en la mano. Me paré sobre el globo terráqueo. Mis lágrimas de tristeza, que eran a su vez, lágrimas de la misericordia de Dios caían sobre la tierra. Las lágrimas de tristeza fueron porque las fuerzas oscuras se están impulsando con tanto éxito en contra de la Iglesia y así mismo con tanto éxito destruyen los valores espirituales, especialmente entre tantos sacerdotes. Mis lágrimas también fueron misericordia de Dios, pues la Santísima Trinidad que me envía, para que con mis lágrimas, llame a la conversión y renovación de la Iglesia. En la aparición, el visible San Francisco de Asís, tenía su mirada fija en la cruz y en mí. Esto significa que la Iglesia necesita de la renovación como en los tiempos de San Francisco. Esto es un llamado desde el cielo por el regreso de todos los creyentes, especialmente los de las órdenes Franciscanas hacia la espiritualidad del Santo. Pues bien, ésta espiritualidad es: la fe, la esperanza y la confianza de Francisco en Dios y en el AMOR. Por amor a Dios el santo renunció a todos los bienes materiales, aceptó la castidad más absoluta, la obediencia a sus superiores y a sus promesas. Muchos creyentes, sacerdotes, hijas e hijos de San Francisco se alejaron de la profundidad de la fe, confianza y del amor verdadero. La pobreza está solamente en algunos individualmente pero muchos, que se rigen por los ejemplos terrenales, están ligados a los bienes materiales y a la suntuosidad. Los que desean vivir la vida de Francisco, son muchas veces, ocasión de burla y de agravio a causa de su santidad. Vuelvan a la pobreza para que nuevamente sean pequeños y humildes. Preocúpense por la vida pura y renuncien a cualquier provocación, que quita fuerza espiritual y tiempo. Preocúpense por la profundización del culto divino y la oración. Sacerdotes, renueven la oración antes del culto divino y después de él, especialmente antes y después de la misma santa misa. El traslado de la cruz hacia el centro de mi pecho significa, que el Crucificado es centro y fuente de la fuerza. Ante Él y Su cruz San Francisco conquistó orando todos sus logros. Ustedes también fijen su mirada en la cruz, en la que está suspendido mi Hijo. No teman. Mi mano extendida quiere decir que los bendeciré maternalmente. El asentimiento de San Francisco quiere decir que aceptó la voluntad de Dios y que del mismo modo, su aceptación - y solamente ésta -, es la única posibilidad para que la Iglesia sea renovada también por medio de ustedes.

Vuelvan a la espiritualidad de San Francisco de Asís, según su ejemplo y el ejemplo de muchos que lo siguieron. A todos los que colaboren en la renovación de la Iglesia y en la lucha contra las fuerzas oscuras en la Iglesia, los estaré bendiciendo. Su cruz en esta lucha no será liviana, pero la podrán vencer porque serán portadores de la fuerza que lo puede todo. ¡Oren y fijen su mirada en la cruz, ésta será su victoria!

 

Zalog, 10-2-1996

¡Alabado sea Jesús!

Me alegro de mis fieles hijos que también en este día vienen presurosamente a mí. Muchos llegaron a sentir mi presencia en estos últimos años, desde mi primer mensaje: "Renueven la oración en el lugar abandonado y olvidado. Sean testigos vivos de las gracias que les han sido concedidas. Que su vida renovada sea para los no creyentes, prueba que se impregnaron en la gracia vivida y que es justamente ésta la que los induce a la consagración y a la conversión constante. La gracia vivida y auténtica escríbanla y entréguenla a los sacerdotes para que éstos, junto a los obispos y con la gracia del discernimiento puedan optar de las que posiblemente no sean auténticas. Teman a los presuntuosos porque ven lo que no hay. Todos los que verdaderamente vivieron alguna gracia, que les llegó por mi medio, sean testigos de ésta con su vida y con su testimonio verbal y escrito.

Renueven y fortifiquen espiritualmente a la Iglesia. Este es un llamado desde el cielo. Podrán lograr esto con la constante mirada al Crucificado y a Cristo Jesús resucitado que vive en la Santa Eucaristía.

Sumérjanse en el Corazón de mi Hijo y en el mío ante el Santísimo y reparen por los sacrilegios, blasfemias y los terribles pecados del mundo sin Dios y por los que se apartaron del Cuerpo que es la Iglesia.

Las pruebas que tengan que padecer serán superadas con la fuerza que obtendrán en la oración y en la consagración a mi Corazón y al de mi Hijo.

Invito a mis amados hijos sacerdotes que vuelvan a la pobreza de San Francisco de Asís y se ordenen su espiritualidad en el rigor de San Ignacio de Loyola y en el espíritu de humildad de muchos santos y santas.

Este es el camino de la renovación de la Iglesia y el arma más fuerte en contra de las fuerzas oscuras que desean desintegrar el orden, la paz y la unidad de Dios.

La obediencia y lealtad a los obispos, con el obispo principal a la cabeza, junto a la oración son la condición para ganar la lucha en contra de la desunión en la Iglesia.

¡Oren, oren para ser invitados en el Corazón de mi Hijo y el mío y no teman! Todo lo necesario les será dado.

Todo lo que encargo y deseo es para toda la Iglesia y todo el mundo. Y estén agradecidos a la Santísima Trinidad de que pude llegar en una forma especial y personal también a éste pedacito de tierra.

Bendigo a todos mis hijos, especialmente a los enfermos y débiles.

 

Kurescek, 30-4-1996

¡Alabado sea Jesús!

Dos meses estuviste esperando el día de hoy. Padeciste, pero la grave enfermedad no te impidió que fueses feliz.

El signo, de que estoy contigo, es también este: que hoy a las 11 horas aun no sabías si los médicos te permitirán dejar el hospital, pero yo quería que hoy mismo estés en Kurescek pues te he invitado ya hace dos meses. Yo me ocupé para que en este día deseado pudieras estar aquí. Que esto sea un testimonio para todos.

Siempre son más los que experimentaron la conversión y otros dones en este lugar de gracias, por eso se multiplica el número de enamorados del Corazón de mi Hijo y el mío. También numerosos sacerdotes se están convirtiendo y despertando. Por eso agradezcan gustosamente.

Las fuerzas oscuras son fuertes y están presionando a la Iglesia y personas individualmente. No teman, sólo sean fieles a la Iglesia y a su Cabeza. Oren ardientemente por el papa y por la bendición que van a recibir. El verdadero valor e importancia de la visita del papa, la reconocerán ustedes y sus descendientes recién más adelante.

Yo, su Madre, estoy y estaré con ustedes. Me regocijaré de los buenos frutos de la visita papal. Me alegraré también de la decepción de los adversarios. Las fuerzas oscuras son fuertes pero Dios es todopoderoso.

Bendigo a ustedes mis fieles visitantes, a sus hogares, a todos los enfermos y a los débiles.

Bendigo especialmente a los sacerdotes que se vuelven al Corazón de mi Hijo y al mío.

Sacerdotes, durante la santa ofrenda y durante el diálogo de la oración ante el Santísimo es cuando estoy con ustedes en forma más personal.